La brisa nocturna te eriza la piel y consigue que te
estremezcas, consciente de que la fina blusa que llevas no te protege del frío
desde hace un buen rato. Pero no te importa. Estás demasiado cómoda sentada
junto a la ventana, observando con aire despreocupado las luces de aquella
ciudad que a cada minuto se hacen más brillantes y abundantes, iluminando las
penumbras de la noche. Como en las que estás tú sumida. La canción pop que
suena desde la ventana del vecino te llega sutil y armoniosa, demasiado
pegadiza tal vez, pero eso no es malo
pues la voz masculina que la canta te atrapa y no te importa que se repita en
tu cabeza una y otra vez, como un disco rayado que alguien ha olvidado sacar.
Porque te gusta.
Estás demasiado tranquila y apacible sentada sobre el
escritorio de tu habitación, cámara en mano con la que hace unos instantes
sacabas fotos al ocaso pero que ahora está apagada entre tus dedos inmóviles. La
noche a caído y todo está oscuro dentro de aquella habitación que consideras
tan tuya, dónde las fotos abundan y el perfume frutal tiñe el ambiente con ese
olor dulzón y embriagante.
Todo te envuelve. Desde la belleza de lo que estás contemplando
a los pensamientos que no duran mucho en tu cabeza y que se van
atropelladamente, sin dejarte tiempo a asimilar todo lo que estás sintiendo y
pensando. Lo crees todo tan intenso pero a la vez calmo que, por un instante,
deseas que todo dure eternamente allí sentada. Pero sabes que eso es lo
importante del momento: Que será efímero y te dejará un agradable sabor de boca
cuando vuelvas a la realidad y te bajes del escritorio, dejando a un lado la
cámara de fotos y el olor dulce vuelva a pasar desapercibido para ti de nuevo. Ya
no recordarás la canción de la voz masculina que tanto te está gustando y las
luces de los coches que ves a lo lejos, iluminando de vez en cuando tu oscura
habitación, volverán a ser solo eso, luces lejanas que no merecen llamar tu
atención.
Pero en ese momento, mientras no te pones una chaqueta para
que la brisa nocturna deje de hacerte estremecer, todo te merece único e
irrepetible.