sábado, 21 de septiembre de 2013

Night.


La brisa nocturna te eriza la piel y consigue que te estremezcas, consciente de que la fina blusa que llevas no te protege del frío desde hace un buen rato. Pero no te importa. Estás demasiado cómoda sentada junto a la ventana, observando con aire despreocupado las luces de aquella ciudad que a cada minuto se hacen más brillantes y abundantes, iluminando las penumbras de la noche. Como en las que estás tú sumida. La canción pop que suena desde la ventana del vecino te llega sutil y armoniosa, demasiado pegadiza tal vez,  pero eso no es malo pues la voz masculina que la canta te atrapa y no te importa que se repita en tu cabeza una y otra vez, como un disco rayado que alguien ha olvidado sacar. Porque te gusta.

Estás demasiado tranquila y apacible sentada sobre el escritorio de tu habitación, cámara en mano con la que hace unos instantes sacabas fotos al ocaso pero que ahora está apagada entre tus dedos inmóviles. La noche a caído y todo está oscuro dentro de aquella habitación que consideras tan tuya, dónde las fotos abundan y el perfume frutal tiñe el ambiente con ese olor dulzón y embriagante.

Todo te envuelve. Desde la belleza de lo que estás contemplando a los pensamientos que no duran mucho en tu cabeza y que se van atropelladamente, sin dejarte tiempo a asimilar todo lo que estás sintiendo y pensando. Lo crees todo tan intenso pero a la vez calmo que, por un instante, deseas que todo dure eternamente allí sentada. Pero sabes que eso es lo importante del momento: Que será efímero y te dejará un agradable sabor de boca cuando vuelvas a la realidad y te bajes del escritorio, dejando a un lado la cámara de fotos y el olor dulce vuelva a pasar desapercibido para ti de nuevo. Ya no recordarás la canción de la voz masculina que tanto te está gustando y las luces de los coches que ves a lo lejos, iluminando de vez en cuando tu oscura habitación, volverán a ser solo eso, luces lejanas que no merecen llamar tu atención.

Pero en ese momento, mientras no te pones una chaqueta para que la brisa nocturna deje de hacerte estremecer, todo te merece único e irrepetible.

martes, 8 de enero de 2013

Vísperas de Navidad

Sus ojos escrutaron nerviosamente los alrededores del banco donde se encontraba sentada, buscando con nerviosismo a la persona con la que allí se habia citado aquella misma mañana. Intentaba estar calmada, pero a pesar de ello, sus esfuerzos eran en vano porque con el pasar del tiempo, su corazón latia con más fuerza y sus ansias por salir corriendo se incrementaban considerablemente. Ni siquiera sabia como podia estar sentada cuando lo que deseaba era andar de un lado a otro e incluso morderse las uñas, que habian sido pintadas especialmente para la ocasión, pero a lo que se limitaba era a mover sus pierna con rapidez, con un fuerte tic nervioso que tenia desde que era una niña. 

Para alejar cualquier pensamiento que pudiera inquietarla más, procuró distraerse con el ambiente festivo que habia en aquel gran y hermoso parque. Todo estaba esquisitamente decorado por bombillas de vistosos colores que colgaban por todas partes, por pequeñas estatuillas de renos y enanos que engalanaban los grandes jardines que allí habia; todo tipo de adorno vestia aquel tranquilo y apacible espacio para la navidad que sería la mañana del dia siguiente. Pero tenia que reconocer que, a pesar de todo ello, lo que más destacaba era el gran arbol blanco que habia en el medio de los jardines, del cual se podia observar la gran imponencia que presidia, desde el banco donde ella estaba esperando. Se podia recalcar en el lo hermoso que habia sido ataviado con los aderezos, colocados cuidadosamente sobre sus blancas ramas. Verdaderamente espectacular, pensó aquella joven maravillada por el esplendor de aquel lugar. 

Estaba tan concentrada admirando el precioso paisaje que no se dio cuenta de que un muchacho se sentaba a su lado y se quedaba mirandola durante un par de minutos, con una perpetua sonrisilla en su rostro. 

-Por lo que veo, en cuanto ves algo brillante desconectas del mundo ¿no, Vanessa? -la voz del joven sonaba tranquila, relajada e incluso divertida mientras veia como la aludida se giraba hacia él y al verlo sus mejillas adquirian un suave sonrojo, que pronto intentó ocultar tapandose con la bufanda que llevaba anudada al cuello, consiguiendo una carcajada divertida por parte de él. 

-Yo no le veo la gracia, Jace -comentó aun por dentro de la bufanda, sintiendo su corazón latir con fuerza dentro de su pecho al ver a su guapo amigo sentado a su lado. ¿Cómo podia ponerse así solo por verlo? Era tan desconcertante para ella sentirse así cuando estaba junto a él... 

Vió por el rabillo del ojo como su acompañante se encogia de hombros y se quedaba mirando hacia las pocas personas que a esas horas, disfrutaban al caminar por el parque. Pasaron un par de minutos así, contemplando el parque y a la gente que circulaba por él, sin que ninguno de los dos emitiera ni un simple sonido pero sin que la atmosfera se volviera incomoda o cortante, sino todo lo contrario, disfrutaban de la compañía del otro sin necsidad de palabras. 

Vanessa estaba encogida sobre si misma, con la vista en sus marrones mientras jugueteaba con enredando y desenredando en un dedo uno de sus largos mechones de cabello caoba. Deseaba que el nudo en su estómago desapareciese tan rapido como habia llegado, para poder respirar aliviada y asi apaciguar los malditos nervios que la asaltaban de solo pensar en lo que iba a hacer, a decir...   

-En el mensaje que me enviaste decías que me querias decir algo... -de repente sintió los ojos azules observarla penetrantemente mientras las palabras que los labios del chico dejaban escapar, iban directamente a sus oidos. -¿Qué es lo que tienes que decirme? -inquirió el muchacho con cierta curiosidad, mirando a la menuda chica que seguia con la mirada clavada en sus zapatos y a medida que hablaba sus mejillas se volvian de un adorable tono carmín. 

-J-jace, yo... Tu... Nosotros... -Vanessa intentaba dejar salir las palabras que con tanto apremio habia guardado durante todos esos meses de amor hacia él, pero se quedaba en blanco a la hora de pronunciarlas. Porque realmente se sentia desfallecer del solo pensar que no sería correspondida como ella queria y deseaba. Pero a pesar de ellos queria sacarse un peso de encima al decirlo, al confesarle a su amigo que lo amaba y no queria quedarse callada y dejar pasar aquella importante ocasión, la queria aprovechar y sacarle el maximo partido posible o sino, ella misma sabia que se estaria arrepintiendo durante muchos años de no haber conseguido el acopio suficiente de valor necesario por una vez en su vida.  

Se giró hasta poder contemplar el sereno rostro de su amigo mientras esperaba una respuesta por su parte. Sus ojos azules la observaban con curiosidad, como pudo percibir, mientras que sus labios estaban curvados en una superflua sonrisa que la animaba a hablar... Abrió la boca y la volvió a cerrar al instante sin poder articular ni una sola palabra. 

-Venga, dilo -la apremió Jace, lo unico que hizo falta para se armara de valor y las palabras "te" y "amo" hicieran eco al salir disparadas por su boca. No hubo razonamiento. Ni pensamiento previo. Sólo quedaron las palabras, flotando en el aire mientras sus temblorosos y sonrosados labios se cerraban después de dejar oir su confesión. Bajó la vista enseguida, sin querer, ni poder ver la reacción del muchacho a causa de la vergüenza que la invadia. 

-Vanessa yo... Yo también te amo -su voz sonaba suave, tranquila pero algo en ella le decia que a pesar de ser las hermosas palabras que tanto habia deseado oir de boca de Jace, esas no eran del todo verdad, por sinceras y honestas que sonaran, lo que le hizo suspirar profundamente. -Te amo mucho... Pero sabes que a él lo amo más. -Jace sentenció la frase a la que tanto miedo le tenia la joven. La amaba, pero seguia amando a su egocentrico, caprichoso y egoista exnovio con el que habia roto hacia un par de meses atrás. 
El mundo se le vino abajo. Le dolía más aquella contestación que si hubiera dicho que no la amaba, o incluso que la despreciaba. Odiaba saber que amaba a aquel odioso rubio que tan mal se lo habia hecho pasar. Ella era mejor, pero aun así lo preferia a él. Un sollozo escapó sin querer de sus ojos y el excepcional frío que ahora golpeaba sus mejillas, le hizo darse cuenta que estaba llorando. Que sus mejillas estaban inundadas de abundantes surcos que las salinas lagrinas iban dejando a su paso. 

-Por favor, no llores, no quiero hacerte daño -sintió las manos de Jace en sus mejillas, intentando detener su llanto con los pulgares. Lo observó con los ojos acuosos y sin poder evitarlo su doloroso llanto se hizo aun mayor. -Sabes que te amo, muchisimo. Asi que, por favor, te lo suplico, no me hagas elegir entre los dos... 

-Porque lo eligirias a él ¿no? -Inmeditamente vió el arrepentimiento en los ojos ajenos. "Si, él seria el elegido...", pensó con un profundo dolor en el pecho. -Por favor, vete. Quiero estar sola... -le pidió con la voz entrecortada a causa de los hipidos y sollozos que no podia controlar. Escuchó como el otro se levantaba del banco y se marchaba lentamente abandonandola en medio del parque, dejando atrás el corazón que ella le habia entregado y que habia roto aquella vispera de Navidad. 




N/A: Y así termina. Siento las posibles faltas de ortografía (porque sé que no son pocas...), pero me excusaré diciendo que una vez que lo pase a papel no tuve ninguna. Este es un pequeño escrito que hice para mi clase de Lengua Castellana. Era un trabajo para lograr localizar la presentación, el nudo y el desenlace y, al parecer, yo lo hice bien en ese sentido.

Lo subo ya que me parece que sería una pena eliminarlo y considero que a alguien le puede llegar a interesar (no sé, impresiones mias...).

Espero que si alguien lo esta leyendo, disfrute mucho de este pequeño relato que no ocupa más de dos hojas en Word...